El malagueño Jorge Peña Martín vivió cinco años frente a Naufragados, una playa perdida de la isla brasileña de Florianópolis; un paraíso amenazado que al director y guionista le recordó a la Costa del Sol de los años 60 y 70. El 17 de diciembre estrena en el Cine Albéniz ‘Os Naufragados’, el destilado de sus cinco años de observación íntima y personal, implicada, de ese paisaje y de sus habitantes.
Hace unas semanas, la productora del malagueño José Antonio Hergueta, MLK, estrenó por fin ‘Velintonia 3’, su esperado documental sobre la mítica residencia madrileña de Vicente Aleixandre, que ha contribuido a la reivindicación (y la adquisición por parte de la Comunidad de Madrid) del refugio para los poetas españoles en la oscura posguerra española. Ahora, el 17 de diciembre, la compañía pone de largo en Málaga (Cine Albéniz; también se proyectará en Córdoba, Madrid y Barcelona) ‘Os Naufragados’, un largometraje sobre una playa perdida al sur de la isla brasileña de Florianópolis, con la que el boquerón Jorge Peña Martín hace una especie de espejo con la Costa del Sol de los años 60 y 70.
Aquella playa debe su nombre, claro, a la ingente cantidad de naufragios de barcos españoles y portugueses acumulados en su fondo marino. Allí se ha creado una comunidad de habitantes en torno, además, a la pesca de tainha, un mugil (lisa) que entre mayo y junio abandona aguas dulces y frías para desovar en el mar salado y tibio y, para su desgracia, pasar de pez a pescado. La zona la conoce bien Peña Martín, que vivió cinco años frente a Naufragados: «Yo me he criado entre Pedregalejo y El Palo, donde el verano eterno de crío era estar todo el tiempo en la playa, creciendo con ese imaginario de barcas, de pescadores con las redes… Recuerdo a mi abuela que me hablaba del copo, del arte de pesca, así que fue una gran sorpresa y una conexión muy grande cuando vi que en Naufragados el arte de la tainha es exactamente igual que el que me contaba mi abuela. De alguna manera sentí que había un puente sentimental entre Brasil y Málaga», asegura el director del documental, que ha empleado varios años en conocer, observar y, finalmente, retratar a los lugareños, su vida y preocupaciones.
Curiosamente, Jorge no fue otro en la infinita lista de naufragios de Florianópolis; más bien al contrario: «Brasil ha sido una tabla de salvación absoluta para mí. Llegué allí en un momento de crisis personal y laboral, dudaba sobre si seguir insistiendo en hacer este tipo de películas, que suponen un esfuerzo muy grande que no es para nada correspondido en lo económico. Pero al conocer Naufragados entendió que lo que quería era volver a contar historias, que era eso lo que me motiva de verdad, lo que me da sentido». Y para volver a empezar quería contar esa historia, la de una playa casi secreta y sus moradores, enfrentados a un futuro incierto que a este malagueño le resultaba muy familiar.
Contarla supuso un proceso «muy largo, de casi cinco años de trabajo». No había guión; se desarrolló la aventura como un work in progress, guiado por una intuición de hacia donde iría la película pero nada más: «Cada día de rodaje era una experiencia que no sabías que podía pasar». Un tiempo en el que, además, Jorge se fue sintiendo, de alguna manera, parte de esa comunidad como «el gringo con la cámara».
Naturaleza
‘Os Naufragados’, el filme resultante de esa aventura, «muestra el desafio del hombre como parte de la naturaleza salvaje que se encuentra en esta playa, es él vivendo de lo que le rodea, sintiendo el lenguaje del paso del tiempo e interpretando las necesidades que día a día van surgiendo», nos dice el realizador, para quien parece que, actualmente, «la naturaleza se entiende como un lugar reservado que vamos a visitar de vez en cuando y del que no formamos parte». Y del que se quiere expulsar a los que sí lo habitan porque los paraísos, parece ser, tienen los días contados: «Es muy curioso cómo en Brasil se está desarrollando la privatización de playas; es decir, de desalojo de las comunidades tradicionales para la llegada de apartamentos o instalaciones hoteleras, principalmente».
¿Les suena? «Lo que está viviendo la comunidad de Naufragados es la extinción en aras del desarrollo urbanístico, así que existe una correlación con lo ya sucedido en el Mediterráneo. Por eso creo que sirve de espejo en el que mirarnos», concluye Peña. En la película se incluyen unas imágenes de archivo de la práctica del copo, de Torremolinos, que resultan de lo más reveladoras: «Hay un plano de ese archivo en el que se ve a los pescadores sacando el copo del mar y ves ya las grúas en el fondo construyendo torres, haciendo ese Mediterráneo que es el que ahora mismo podemos ver y que no nos gusta ya. Pues eso es lo que ya está pasando allí», asegura el realizador.
De vuelta
Jorge Peña ha llegado «hace dos días» a su Málaga Natal; viene con su pareja y su hija, Mar, de 5 años, ambas brasileñas. No es una visita navideña; la familia se instalará ahora en la Costa del Sol, quiere que la niña tenga cerca la rama malagueña de su familia y se críe también con esa memoria. Toca adaptarse al nuevo espacio: «En Florianópolis vivíamos en un entorno muy cercano a la naturaleza, donde todas las mañanas se escuchaban diferentes sonidos de cantos de pájaros, tenía que vigilar que los monos no me devoraran los plátanos o veía un lagarto del tamaño de un cocodrilo cruzando delante de mí. Nuestros cuerpos están asumiendo, entendiendo los sonidos y los tiempos de un entorno urbano como el de Málaga». Pero nunca se irá del todo de Brasil: «Allí hay una idea de lo humano que es mucho más leve y el sentido de la comunidad, allí tan importante, se ha perdido aquí, ya no existe», nos dice.
