Varias películas de esta 21 edición del Festival de Sevilla nos sitúan en contextos remotos, apartados de eso que hemos dado en llamar civilización; o más bien de cierta idea de ella, vinculada a la noción eminentemente occidental de progreso. Quizá no es de extrañar, entonces, que diversos autores, especialmente desde la no ficción y en una sección tan aventurada en el aspecto formal y conceptual como Las Nuevas Olas, posen su mirada (fascinada) en sociedades y culturas aisladas del mundanal ruido, nutriéndose de relatos nacidos de esos espacios no hegemónicos.
Náufragos de su Historia
Otro estreno mundial en este 21 Festival de Sevilla es el de Os Naufragados, título que alude a una enigmática playa de la isla de Florianópolis, en Brasil, que a su vez hace referencia a los galeones hundidos en aquellas aguas durante la colonización española y portuguesa, y los marineros refugiados en sus costas. Hasta allí llegó el cineasta especializado en no ficción Jorge Peña Martín (El club de los cantineros) buscando, según cuenta, un cambio de rumbo en su vida y en su carrera, y lo que se encontró en una primera caminata fue “una especie de oasis, no había nada ni nadie”. A medida que exploraba la zona fue conociendo a la comunidad que la habitaba, pescadores en su mayoría, viviendo al margen del mundo, de forma rudimentaria y bajo la amenaza de que sus casas sean destruidas y se les expulse de aquel paraíso: “Me di cuenta de que ellos mismos eran náufragos de la vida, de su propia Historia, y sentí el impulso de volver a conectar con las personas a través del cine”.
La forma de contar el proceso que le fueron relatando y sobre el que fue investigando, a modo de diario, resultaba esencial para su proyecto. Y a la conexión transatlántica de los barcos hundidos, casi un yacimiento arqueológico, se sumó otra revelación poco después: el modo de pesca propio de la isla lo llevó a la del copo, arte pesquero tradicional ya extinguido y muy común antiguamente en la costa de Málaga, la de su infancia. “De pronto estaba viendo la memoria de mi ciudad en una playa de Brasil”, explica el director malagueño, quien no obstante era consciente de que la única manera de estar presente en la película era a través de la mirada de un viajero.
Se declara fan de ese tipo de libros donde un extranjero llega a un lugar y queda fascinado; obras como las del poeta John Haines (The Stars, the Snow, the Fire: Twenty-Five Years in the Alaska Wilderness) o las del hispanista maltés Gerald Brenan (Al sur de Granada). “En ese sentido esta película tiene mucho de literario, y debía quedar claro que la mía era la mirada de un extranjero que se apasiona ante lo que se encuentra y que se sume en esa forma de pensamiento y en esa lucha”. No en vano, señala Peña Martín, se percibe cómo los nativos lo acogen y también cómo, de algún modo, lo rechazan; del mismo modo que en algunos momentos de la filmación su propio nerviosismo y sus emociones se transmiten a la cámara, tal era el modo en que le afectaba el conflicto.
Respecto a este y a su continuación a día de hoy, cuenta que decidió no reflejar (ya que las autoridades no lo confirman) el hecho de que la expulsión de los habitantes de Os Naufragados viene impulsada por la construcción de un resort; de nuevo el vínculo con la historia de la costa malacitana. “Supuestamente es debido a motivos de conservación ambiental, pero resulta absurdo y contradictorio. Todos los habitantes de la zona tienen la documentación en regla que acredita la usucapión, y hacen un uso respetuoso del entorno”. Por eso, explica el cineasta, no quiso presentar presentar la naturaleza “como algo ajeno a la acción humana, sino a esta gente conviviendo con el entorno en equilibrio”. También acaso ahí radique su forma de captar en imágenes la espiritualidad y la rudeza que emanan del paisaje, ese “lenguaje de sombras” que (d)escribió Haines.
Más allá de las urbes
Estas dos no son las únicas películas en la programación de esta edición del Festival de Sevilla que muestran realidades retiradas de la hiperpoblación y la hiperconectividad actuales, en gran medida como forma de exploración interior de sus personajes, reales o no tanto. Otros títulos que nos llevan a lugares aislados son: Bogancloch (Las Nuevas Olas), donde Ben Rivers vuelve, trece años después, a seguir a un ermitaño que ya protagonizó su ópera prima y que vive desde hace cuatro décadas en el bosque más grande del noreste de Escocia, aislado y desconectado del ajetreo urbano; en Paisaje Épico (Special Screenings), la documentalista ecuatoriana Valeria Roig sigue los pasos de su bisabuelo, pintor catalán que echó raíces en la ciudad argentina de Mendoza y que se obsesionó durante 15 años con la árida cordillera de Los Andes; Si yo pudiera hibernar (Rampa), de Zoljargal Purevdash, se basa en su propia experiencia habitando en una yurta en las afueras de Ulán Bator para mostrar el choque de ese estilo de vida nómada (que lleva un 60 % de la población de Mongolia) con el progreso; Vermiglio (Selección EFA), de Maura Delpero, narra la llegada de un soldado desertor a una remota aldea de los alpes italianos del Trentino, ajena a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, donde buscará refugio y trastocará la tranquila vida comunitaria; y nos hemos dejado para el final una verdadera obra maestra recuperada en copia restaurada en formato 4K para el Festival de Sevilla: Tasio (Esenciales), basada en la vida de un carbonero y cazador furtivo, en la que Montxo Armendáriz evoca la figura de este personaje que prefiere preservar la libertad de vivir en la sierra navarra, lejos de todo y de todos, de la sociedad y de una normalidad que, según hemos acabado asumiendo, tiene el aspecto de las ciudades. Y ya saben las vistas que se nos están quedando… Por suerte, nos queda el cine.
